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The Deuce, la nueva serie de HBO

The Deuce

Volver a ver el nuevo proyecto de David Simon, uno de los grandes maestros de la televisión actual, es sin duda la gran carta de presentación de la serie The Deuce. Otra, que de nuevo Simon trabaja bajo el amparo de HBO, posiblemente la única cadena en la que el showrunner puede dar rienda suelta a su particular forma de plasmar su imaginario creativo.

Y es que había muchas ganas de ver el nuevo trabajo de David Simon, el creador de la que para muchos es la mejor serie de todos los tiempos, The Wire (HBO). Treme (sobre el mundo de la música y el jazz), Show me a hero o The Corner también son obras suyas, todas ellas radiografías realistas de la sociedad norteamericana.

 

The Deuce: las crónicas de Times Square

Cuando nos ponemos delante de un proyecto de Simon, tenemos que relajarnos en nuestro sofá y descubrir atónitos el mundo hiperreal que nos presenta. En The Deuce, el espectador asiste al auge y caída de la mítica calle 42 de Nueva York, aquella que con el paso de los años terminó por convertirse en uno de los puntos más emblemáticos y visitados del planeta: Times Square.

Poco queda de las sórdidas calles y oscuras paredes disfrazadas con papel maché que el showrunner nos muestra en The Deuce; nada que ver, desde luego, con los neones casi futuristas y los teatros del actual Times Square. Pero que no te quepa duda: esas calles existieron y Simon está ahí para recordarlo y adentrarnos en un mundo que, de primeras, da bastante respeto.

The Deuce, la nueva serie de HBO, es un recorrido por la industria del porno, pero de nuevo eso es solo la excusa para entender la complejidad de una sociedad como la norteamericana, sobre todo en un momento tan convulso como esos años 70, en los que la guerra de Vietnam daba sus últimos coletazos y Richard Nixon gobernaba un país dividido.

Como dice James Franco, protagonista absoluto de la serie junto con la bestial Maggie Gyllenhaal: «Recreamos la calle 42… Y el resto fue tan brutal como los dragones de Juego de tronos».

 

“Y es que las recreaciones de Simon tienen algo de brutalidad, sí.”

 

Sus series son brutalmente bellas, posiblemente por ese ritmo pausado que acaba de diseccionar a unos personajes complejos con la paciencia de una gota de agua.

Lo podemos observar ya en su piloto, con más de ochenta minutos de duración y en el que no se dice nada sobre el que se supone que es el tema principal de la serie: la pornografía.

Los pilotos de las series de David Simon son dignos de estudio. Y de elogio. Algo parecido a lo que ocurría con el de su otra gran serie, The Wire, el primer episodio de una serie policíaca en el que no hay persecuciones, coches saltando por los aires ni nada que se le parezca.

 

Solo buenos diálogos, buena ambientación y talento, mucho talento.

 

Y es que talento es lo que tiene la ya mencionada pareja de actores protagonistas: James Franco (falta posar una pel·lícula que protagonitzi James Franco) y Maggie Gyllenhaal (El caballero oscuro).

En el caso de él, interpretando dos papeles a la vez, el de los gemelos Vincent y Frankie Martino. Algo que parece estar de moda últimamente, pues ya lo vimos con Ewan McGregor (en la tercera temporada de Fargo) o, más recientemente, con J.K. Simmons en Counterpart, el nuevo drama sci-fi del canal Starz.

Según decía Franco en una entrevista, los dos hermanos son muy diferentes, como la noche y el día: uno, más comedido e intelectual; el otro, pura dinamita y menos cerebro.

 

Es como interpretar a la vez a Harvey Keitel y a Robert De Niro en Malas calles

 

En el otro lado, Maggie Gyllenhaal, una bestia interpretativa que eclipsa en cada escena a cualquiera que se cuele en su plano. Interpreta en cierto modo también un doble papel: el de Candy, una madre frustrada, y el de Eileen, que ejerce la prostitución por la noche de una forma muy poco arquetípica. Además, colabora en el proyecto como productora ejecutiva y escribe parte del guion. De hecho, Franco también dirige varios episodios.

Sin embargo, no dejemos que el poder de ambos actores eclipse el clásico reparto coral y talentoso que siempre acompaña a Simon en sus series. Policías corruptos, clientes grotescos y chulos deleznables. Si bien es cierto que en todos los personajes encontraremos luces y sombras, nada es lo que parece a priori, y David Simon intenta por todos los medios no tomar partido en un tema tan controvertido como puede ser el de la prostitución o la pornografía.

La buena noticia es que HBO no ha tardado en anunciar la renovación para una segunda temporada, en la que el equipo de la serie quiere avanzar unos años en la trama, hacia la mitad de la década de los setenta, y que tiene en mente una tercera temporada que llegará a inicios de los ochenta. Nada más. Que nadie espere que la serie se alargue innecesariamente. Simon, desde luego, no suele dar puntadas sin hilo.

De hecho, sabe rodearse de grandes artistas. A parte de los ya mencionados Franco y Gyllenhaal, tenemos tras la cámara al novelista y guionista George Pelecanos (que ya participó en The Wire y Treme) y a Richard Price, la única persona capaz de crear unos diálogos tan sinceros y directos que poco a poco van diseccionando a los personajes hasta llegar a lo más profundo de sus almas.

Que nadie espere tampoco una serie cargada de acción y adrenalina, sino más bien un retrato costumbrista de una de las épocas más oscuras de Nueva York y de Estados Unidos. La serie está basada en las experiencias propias de unos gemelos, cuyo nombre no ha trascendido, que sin duda vivieron un momento irrepetible en The Deuce (que así se llamaba la calle en la que se basa la serie).

 

Una historia sobre cómo estar presente en el lugar y momento adecuados.

 

Ocho episodios que son toda una oda al realismo y la contemplación sosegada. Ocho episodios en los que, mientras disfrutamos con cada secuencia de la serie, parece como si nos mudásemos a un cuartucho de la calle 42. Todo un viaje sin salir del confort de nuestro salón. Viejos tiempos. Malos tiempos. Días de todo o nada.

Por Equip Imagin

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